POR: Rev. Dario Silva- Silva

Es necesario entender que la economía depende de la espiritualidad.

El Señor te concederá abundancia de bienes: multiplicará tus hijos, tu ganado y tus cosechas en la tierra que a tus antepasados juró que te daría. El Señor abrirá los cielos, su generoso tesoro, para derramar a su debido tiempo la lluvia sobre la tierra y para bendecir todo el trabajo de tus manos. Tú les prestarás a muchas naciones, pero no tomarás prestado de nadie. Deuteronomio 28: 11-12.

Es fácil observar en el panorama mundial cómo los países cuyas leyes han sido extraídas de la Biblia son los más prósperos. Por contraste, los países donde se cree, por ejemplo, en la reencarnación, son miserables. Allí a nadie se le ocurre decir: «Vaya a trabajar duro ahora para descansar en la próxima vida»; al contrario, «descansaré mucho ahora, porque en mi próxima reencarnación me va a tocar trabajar arduamente». Eso empobrece la sociedad, hace que la gente no trabaje.

En tales lugares, es un espectáculo deprimente ver a los niños muriendo de hambre entre montones de basura, roídos por enormes ratas, debajo de las ubres de las vacas sagradas. Yo no quiero eso para mi Latinoamérica, sino aquello que ha engrandecido a las potencias de la tierra, a saber: Los principios y valores de la civilización cristiana. ¿Y por qué dice la Biblia que Abraham era riquísimo? Porque era obediente, descubrió que la abundancia proviene de la obediencia. Y no se trata de apegarnos a los bienes materiales. No es posible servir a dos señores: A Dios y a las riquezas. Pablo enseña que no debemos colocar la confianza en las riquezas, sino en el Dios que las da.

El dinero no es bueno ni malo, es neutro. Bueno o malo es el corazón del hombre, según utilice el dinero para bien o para mal.

Cuando Billy Graham (1918-2018) fue escogido por Time como uno de los 100 personajes más influyentes del siglo XX, dijo esta frase sensata: «El dinero es muy bueno como esclavo, pero muy malo como amo». Tú decides si te esclavizas del dinero o si te vales de él. Pero no existe en las Sagradas Escrituras ninguna condena a poseer bienes materiales. Esa es una argucia del diablo para empobrecer a los cristianos. Ejemplar es el contentamiento del que habló San Pablo: «He aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación, sé tener abundancia y sé pasar necesidad. En todo y por todo estoy acostumbrado, así para pasar hambre como para estar lleno. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece».

Está claro pues, que tendrás abundancia si oyes y cumples la Palabra de Dios en cuanto a la economía. Ahora bien, le das vueltas y vueltas al tema y no hallas ninguna otra fórmula a través de la cual Dios te abra la puerta de la abundancia, que la del diezmo.

Diezmar o no diezmar es tu dilema, pero no es mi problema. Mi tema es enseñarte para que seas prosperado, si lo quieres aprender.

Por Admon Web

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