Jesucristo fue el único hombre en la tierra a quién no se le halló pecado alguno ni maldad en su corazón. Aunque humano, se le consideró perfecto. Su divinidad en la tierra era única para salvar al mundo, y de esta manera, fue calificado como “perfecto”, no solo en la belleza de su alma, sino en la de su cuerpo.
En el libro de Isaías en el capítulo 53 se le describe de la siguiente manera: “No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable.”
Cineastas, actores, libretistas, creyentes y quienes no lo son, consideraron a Jesús como un hombre atractivo de buen parecer, rubio, alto, con ojos claros y una simpatía singular, evidencia de esto son las películas e historias animadas que cuentan la perfección física de Jesús.

