Por: Darío Silva- Silva

Pablo de Tarso llegó -digamos así- un poco “retrasado” al evangelio. El Señor mismo le hace una “emboscada” en el camino de Damasco; y, acto seguido, le da las instrucciones de lo que tiene que hacer. Por supuesto, algunos miembros activos del grupo original de Jesús lo combatieron o lo confrontaron. Particularmente con Pedro tuvo tremendas discusiones. Y, según se dice, algunos discípulos directos de los apóstoles originales de Jesucristo, iban a las ciudades a donde Pablo había estado a demeritarlo, a mermarlo en su evidente importancia, a tratar de impugnar sus enseñanzas. Eso lo hicieron, por ejemplo, en Corinto. Y, entonces, ¿qué actitud asume Pablo?

Me he portado como un insensato, pero ustedes me han obligado a ello. Ustedes debían haberme elogiado, pues de ningún modo soy inferior a los «superapóstoles», aunque yo no soy nada. 2 Corintios 12:11

Cualquiera pensaría ligeramente: “Esta es una declaración orgullosa”; pero no, es una declaración de autoestima personal. ¿Qué es lo que está diciendo el gran Pablo? Simplemente pregunta: ¿Por qué me descalifican? Allí en Corinto quedó demostrado que él es un verdadero apóstol; ahora, no obstante, lo critican mientras está ausente, y aquí asume en forma natural su defensa. Con un poco de ironía llama “superapóstoles” a los que le antecedieron; pero muchos -entre ellos yo mismo- piensan que si a alguien se le pudiera calificar de “superapóstol” con toda justicia sería precisamente a San Pablo. Históricamente, siempre que surge un ministerio paulino sucede lo mismo.

No aceptar el menosprecio

En una carta que envía el propio Pablo al obispo de Creta, que es Tito, le dice algo muy claro y terminante sobre el ejercicio de la autoridad espiritual en el seno de una iglesia:

Esto es lo que debes enseñar. Exhorta y reprende con toda autoridad. Que nadie te menosprecie. Tito 2:15

En la vida de una congregación -uno lo ve todos los días- es preciso que el pastor tenga que hablar con autoridad y energía, a veces con dureza -si es necesario- para que la gente entienda o para que corrija el rumbo. Aquí San Pablo dice: Oye, Tito, amárrate los pantalones, habla sin miedo, que no te tiemblen las corvas; y no permitas nunca, por ningún motivo, que la gente te vaya a menospreciar.

Hasta aquí tenemos algunas cosas claras: En primer lugar, el orgullo de Satanás en el mundo espiritual, que origina el pecado; Nabucodonosor como ejemplo terrenal de orgullo humano, que cae de su reino estrepitosamente, y se levanta de nuevo y más arriba después de un acto de sincera humillación ante el Señor; la autoestima propia de los hijos de Dios; la autoestima de Pablo en medio de la prueba; la autoestima que debe poseer Tito como dirigente de la iglesia.

Por Admon Web

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