“Estamos en las etapas finales, y dentro de unos pocos días tendremos las proteínas, el componente activo de la vacuna”, dijo el doctor Chen Katz, líder del equipo de biotecnología molecular del MIGAL, un organismo financiado por el Estado israelí, que se comprometió a finales de febrero a completar la producción de su vacuna contra la COVID-19 en tres semanas y tenerla en el mercado en 90 días. El rápido progreso se debe a que el instituto ha estado trabajando durante cuatro años para lograr una vacuna que se pueda personalizar para varios virus.

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