POR: Rev. DARÍO SILVA- SILVA

El sexo es un tema de candente actualidad mundial. La fornicación, el adulterio, el homosexualismo, la promiscuidad, han llegado a extremos nunca antes conocidos en la historia humana, tal vez con la excepción de la era antediluviana. El Cristianismo en sus tres grandes ramas: Católicos, Ortodoxos y Protestantes, mira con preocupación estos fenómenos, que constituyen abierta rebelión contra la Palabra de Dios; pero no hay unidad de criterios sobre el tratamiento que debe dárseles. El propósito de la teología integral es analizarlos a la luz de las Sagradas Escrituras, supremo tribunal de vida y conducta.

La idea que podríamos considerar esencialista en esta materia es la siguiente: La Biblia dice sobre la especie humana que Dios “varón y hembra los creó”, de donde queda claro que la pareja heterosexual es la culminación del plan divino. Durante la civilización cainita -presumiblemente guiada por ángeles caídos, o demonios- la humanidad aprendió, junto a la idolatría, actividades como el curanderismo, la poligamia y toda perversión sexual, según el libro apócrifo de Enoc, cuyo contenido, entre las interpolaciones gnósticas, conserva porciones concordantes con verdades bíblicas. A la letra de las Sagradas Escrituras, el Diluvio fue un castigo por aquellas prehistóricas corrupciones, amenizadas por los solos de flauta y arpa de Jubal y el centelleo de las fraguas de Tubal-Caín.

… llamado Jubal, quien fue en antepasado de los que tocan el arpa y la flauta. Génesis 4:20b.

Tubal Caín, que fue herrero y forjador de toda clase de herramientas de bronce y de hierro. Génesis 4:22b.

A poco andar la civilización posdiluviana, Sodoma y Gomorra y otros asentamientos urbanos alrededor, recayeron en la depravación. Los sodomitas, incluso, intentaron violar a los enviados del Señor que ejecutarían su sentencia por medio del fuego.

Llamaron a Lot y le dijeron: — ¿Dónde están los hombres que vinieron a pasar la noche en tu casa? ¡Échalos afuera! ¡Queremos acostarnos con ellos! Génesis 19:5.

Sobre los homosexuales, compartimos lo dicho por Billy Graham: “Dios los ama, pero rechaza su pecado”. Por otra parte, la generalizada presunción de que el cónyuge es el deber y el amante el placer, ha propiciado una poligamia socialmente consentida, con desbordamientos de incalculables consecuencias. La Biblia circunscribe el sexo a la pareja unida por Dios en el santo matrimonio, para procreación responsable y en conciencia, protección de la pureza conyugal y deleite mutuo de los cónyuges. Finalmente, el cristiano sabe, gracias a las Escrituras, que «el cuerpo es el templo del Espíritu Santo», lo cual determina la integridad de su conducta sexual. Nada justifica que se profane el templo.

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